Temas Argentinos http://temas_argentinos.lacoctelera.net Aquí puedes encontrar información sobre el "Tango", "Historia argentina y latinoamericana" y "Autores y libros olvidados". es-es Cultura historia letras tango the-shaker v0.1. More on http://www.the-shaker.com PERONISMO Y CENSURA http://temas_argentinos.lacoctelera.net/post/2011/03/30/peronismo-y-censura 2011-03-30T13:22:51+00:00  

 (Adelanto del libro de Juan Carlos Jara "Voz de alondra. Una biografía de Nelly Omar", a ser publicado este año por la editorial del Instituto Superior Dr. Arturo Jauretche, de Merlo, en su colección "Nomeolvides").  

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Hasta esos días iniciales de la década del ‘50 la entusiasta adhesión de Nelly al gobierno peronista se había traducido básicamente en ofrecer su tributo artístico a cuanta jornada de celebración oficial tuviera lugar.  

En muchas ocasiones ella misma ha contado que esa labor de simpatizante desinteresada no le valió ningún tipo de prebenda o, simplemente, de remuneración por su trabajo. Como Martín Fierro, también Nelly podía haber cantado: "dentro en todos los barullos / pero en las listas (de cobro) no dentro".

A título de ejemplo verificamos su presencia en la celebración del "Día de la Lealtad" de 1949,  actuando junto a Charlo y Mercedes Simone, en una emisión radial organizada por la subsecretaría de Informaciones que se transmitió en dúplex a todo el país por las radios El Mundo y del Estado (hoy Nacional). En esa ocasión la acompañaron las guitarras de Grela, Zaldívar y Márquez. Al año siguiente, el 4 de junio participa de un programa similar por radio del Estado, junto a Charlo, Agustín Irusta y Sabina Olmos.

No obstante su vieja amistad con Eva Perón, ésta no fue aprovechada por Nelly para ascender con ayuda oficial algún escalón más en su carrera artística. Sólo una vez, y no porque Nelly se lo pidiera, Evita intercedió para que se le ofreciera un contrato en radio Splendid.  "Ella no entendía cómo los compañeros no me concedían un espacio". Es que Evita admiraba verdaderamente su estilo de canto "y mucho más que cantara las cosas nuestras".  Retribuyendo ese gesto, pero más que nada por su firme convicción interior y como aporte a la campaña por la reelección presidencial de Perón, Nelly estrenará en radio El Mundo y grabará en 1951, con la orquesta de Domingo Marafiotti y el coro de Fanny Day, la marcha de Antonio Helú "Es el pueblo", dedicada a Evita:

 

Es la gente agradecida

En los campos y ciudades

Que hoy recoge las bondades

Que sembró tu abnegación.

 

Es el pueblo que te aclama,

Eva Perón.

Es el pueblo que te ama

de corazón,

 

En la faz opuesta del disco se encuentra una de las milongas que a partir de allí se vincularán más estrechamente al costado político de su personalidad, "La descamisada", del mismo Helú con versos del poeta de Bragado Enrique P. Maroni:

 

Soy la mujer argentina,

la que nunca se doblega

y la que siempre se juega

por Evita y por Perón.

Yo soy la descamisada

a la que al fin se le escucha,

la que trabaja y que lucha

para el bien de la Nación.

 

Como cada vez que el ala de la revolución comienza a agitarse, la exaltación política (hoy se le diría crispación) alcanzaba entonces grados de fervor pocas veces vistos. Pese a que aquélla, registrada bajo el sello R. C. A. Víctor, fue una grabación particular, fuera de comercio, "Es el pueblo" y "La descamisada" -sobre todo esta última- integraron desde entonces el repertorio habitual de Nelly en cada una de sus presentaciones personales.

Eran días de polarización y los artistas populares comenzaban a definirse políticamente. Por esa circunstancia habían decidido emigrar hacia México amigos de Manzi como  Ulyses Petit de Murat y Francisco Petrone y de Nelly como Libertad Lamarque. Por eso, Osvaldo Pugliese debió purgar en Villa Devoto su "culpa" de adherir públicamente al ultra opositor partido comunista. Por eso también, Enrique Santos Discépolo -una de las pocas figuras realmente geniales que diera la cultura argentina del siglo XX- decidió enajenar su tranquilidad personal con el objeto de apoyar el accionar peronista con sus monólogos de "Pienso y digo lo que pienso", difundidos por radio del Estado en 1951.

Cuenta Norberto Galasso en un insoslayable libro sobre el autor de "Cambalache", que  la presión sobre el poeta arreció a medida que la popularidad del programa crecía más y más.

Ya no es solamente el aluvión de cartas. Ahora es el teléfono y la voz anónima que arroja el insulto brutal. Y ese viejo actor de nuestra escena que lo encuentra frente al Politeama hacia el cual avanza Enrique afectuosamente con los brazos abiertos, para recibir un escupitajo y una única frase: "Sos una porquería".

 

Podrían mencionarse también las encomiendas con discos rotos -obviamente de sus tangos-, las murmuraciones injuriosas, los desaires y el vacío propiciado a  sus funciones teatrales: sólo algunas de las continuas expresiones de desprecio y resentimiento con las que el odio de la clase media "contrera" se ensañó sobre Discepolín y las que lo llevaron a la tumba en diciembre de ese mismo año. 

Nelly, amiga de Enrique y testigo de su drama, tal vez no imaginó en aquel momento, que tan exasperada animosidad contra el poeta,  era sólo un esbozo de lo que ella y tantos otros colegas suyos iban a sufrir multiplicado después de la caída de Perón.

Una digresión, que no lo es tanto: en un trabajo de 2005, el periodista Eduardo Rafael, luego de enumerar los casos de voces "acalladas" durante el peronismo como Maria Rosa Gallo, Arturo García Buhr, Delia Garcés, Pepe Arias y  Atahualpa Yupanqui, entre otros, homologa esos casos con los posteriores a 1955: "A la vez, sin saberlo -dice-, los peronistas, con sus participaciones en los masivos festivales oficiales, estaban registrando el ‘delito' que el futuro gobierno militar de facto les cobraría con la misma moneda, la de la prohibición y persecución. En este marco de irracionalidad..., etc. etc."

Coincidimos con Rafael en que resulta tácticamente erróneo y, más que irracional,  políticamente contraproducente, ejercer cualquier tipo de presión sobre las voces opositoras, como lo hizo el primer peronismo a través del subsecretario de Informaciones del Estado Raúl Alejandro Apold. Si bien es cierto que en materia de puja social no cabe exagerar la puntillosidad ni las buenas maneras, pues, como diría la poeta Juana Bignozzi, "esto es una guerra a pesar de las buenas fotos en colores", constituye una política a nuestro juicio desacertada -además de antipática y estéril-, la que se obstina en silenciar u obstaculizar la acción de artistas e intelectuales a los que, en todo caso, se debería atraer al bando de la revolución o en su defecto buscar neutralizarlos poniendo en evidencia las contradicciones y mendacidad de su conducta.

Pero al mismo tiempo nos resistimos a reconocer que se trate de "la misma moneda" aquella con la que paga un gobierno constitucional, jaqueado desde distintos ámbitos -incluso el internacional- para hacerlo desistir de su política soberana, y la de un poder reaccionario y brutal que utiliza las armas de la nación para reprimir a sangre y fuego a su propio pueblo indefenso.

Los fusilamientos del ‘56 no se pueden equiparar a las humillaciones de Jorge Luis Borges o la (auto) proscripción de Petit de Murat (firmantes ambos, dicho sea de paso, de la declaración enviada a las Naciones Unidas pidiendo la intervención armada extranjera, en enero de 1946). Pero tampoco son homologables desde el punto de vista estrictamente político, no abstracto, esas prisiones y exilios con la brutal censura sufrida por Nelly Omar, Hugo del Carril, Leopoldo Marechal, Fanny Navarro o Mary Terán de Weiss, por citar unos pocos casos notorios, porque la Revolución Libertadora se consumó con el objetivo -demostrado por cualquier análisis histórico serio- de favorecer a los grupos más retrógrados y minoritarios de la Argentina y porque el espíritu revanchista de la oligarquía fue nervio motor de esa interdicción. Hernández Arregui lo ha dicho con suma claridad  y poder de síntesis: "No es lo mismo la prisión de Victoria Ocampo que la de un obrero. Unos defienden sus rentas. Otros el derecho a la vida".

Sin perjuicio de volver al tema más adelante, concluiremos destacando dos hechos importantes: primero, que el segmento más numeroso de los artistas e intelectuales enfrentados al peronismo formaban parte de lo que hoy llamamos la "progresía", es decir sectores de izquierda y centro izquierda abstracta, en muchos casos partidarios de Stalin (con su invisibilizada carga de gulag y masacres diversas), que con su hostilidad al gobierno terminaban siendo funcionales a los designios de la derecha más recalcitrante. Segundo, que el caso de Discépolo, así como el de Manzi y tantos otros, demuestra que el "poder de fuego" de esa derecha era, en pleno apogeo peronista, enormemente poderoso aún y que el aparato cultural oligárquico - "la máquina generadora de prestigio", al decir de Jauretche, y generadora también de sentido común conservador- estaba lejos de haber sido desmantelada por el supuesto poder omnímodo del "tiránico régimen". Cualquier semejanza con realidades más actuales no es pura coincidencia.

 

 

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GONZALEZ, EL OSCURO http://temas_argentinos.lacoctelera.net/post/2011/01/16/gonzalez-oscuro 2011-01-16T13:47:54+00:00  

Que Horacio González -sociólogo, crítico literario, politólogo, director de la Biblioteca Nacional y "ainda mais"- es un escritor oscuro ¿quién puede dudarlo? ¿Quién puede asegurar que no necesita releer una, dos, tres veces algunos de los párrafos de sus extensos artículos para intentar penetrar en el significado correcto de los mismos? Tarea sin embargo infructuosa las más de las veces, hay que reconocerlo. Maestro en el uso de la elusión metafórica, de la ambigüedad, del ocultamiento deliberado, González se nos evade por todas las tangentes de su prosa, inclusive cuando ésta parece adoptar rasgos de cierta claridad estilística. Un ejemplo, este fragmento de su reciente comentario sobre el libro de Vargas Llosa "El sueño del celta" ("Página 12", 16-1-2011):

"Es ahí, ya convertido en un nacionalista radical, que (Roger Casement, protagonista de la novela) mostrará su veta fundante, una militancia alucinada en un momento histórico singular, a la que es llevado por haber asimilado la situación de opresión en el Congo y el Amazonas con el avasallamiento que ejerce Inglaterra sobre Irlanda. Casement era partidario de asociar la insurrección irlandesa de 1916 a las operaciones del ejército alemán contra Gran Bretaña. Son temas que difusamente arrastran, con algunos ecos sofocados, ciertos nombres argentinos. Allí están las obras de Scalabrini Ortiz, de los hermanos Irazusta, el nacionalismo antibritánico, desde luego, y la veta "irlandesa" de la política nacional, un Walsh, un Cooke, y por qué no el coqueteo "irlandés" que realiza el "probritánico" Borges en Tema del traidor y del héroe, al que sin duda Vargas Llosa rinde tributo".

¿Qué quiere decir González con "era partidario de asociar la insurrección irlandesa de 1916 a las operaciones del ejército alemán contra Gran Bretaña", práctica difusa que vincula enseguida a los nombres de Scalabrini Ortiz, los hermanos Irazusta y un supuesto nacionalismo exclusivamente "antibritánico"? ¿Con esa elusiva frase -asentada en el aquí ambiguo infinitivo "asociar"- González pretende atribuir simpatías nazis a Scalabrini por su militancia neutralista durante la segunda guerra mundial? (No hablamos de los Irazusta porque en ese caso la atribución -si ésta existe, con González nunca se sabe- puede resultar si no acertada por lo menos pertinente).

Lo cierto es que si de atribuir filonazismo a Scalabrini  se tratara, González no hace más que repetir los infundios que la prensa amarilla de su época, con el vespertino "Crítica" a la cabeza, dejó caer sobre el autor de "La Manga" y que a esta altura la historiografía más seria, desde Galasso a Halperín Donghi, ha desestimado largamente. El mismo Scalabrini lo ha explicado con claridad nada gonzaleana:

"Yo creía que mi obra íntegramente dedicada a dilucidar los problemas argentinos a la que estoy dedicado con absoluta exclusión de toda idea de lucro o beneficio personal, me ponía a cubierto de tan viles suposiciones y que los diez años en que a partir del 6 de septiembre de 1930 luché por los ideales de la Unión Cívica Radical debían darme, por lo menos, ese poco de respeto que merecen los hombres generosos que saben jugarse por sus ideales, pero veo que en este mundo al revés en que estamos viviendo será necesario defenderse para no ser arrollado por la desvergüenza desbocada" (Carta al Director de "Crítica", 18 de junio de 1941).    

¿Otros tiempos, otros hombres? ¿Otras maneras de expresar las mismas ideas? Enfrentados a los textos de González las preguntas acuden irremediablemente.    

Y en tren de hacernos preguntas ésta no nos parece del todo descaminada: ¿acaso Horacio González se complace en su decir ambiguo porque no quiere ahuyentar a su clientela de Página 12 y otras publicaciones, alimentada en una doble vertiente de progresismo abstracto por un lado y nacionalismo popular por el otro? ¿Ese decir ambiguo es en el fondo un guiño cómplice, y por esencia equívoco, a los plurales lectores a los que se dirige? ¿La prosa de González se oscurece deliberadamente con el propósito de servir a dos señores? No lo sabemos ni queremos creerlo, pero si no ¿por qué esas comillas pudorosas envolviendo al adjetivo "probritánico" referido a Borges? ¿Por ventura duda González de la anglofilia entrañable y nunca desmentida del gran escritor? ¿Lo de probritánico va para los nac & pop y las comillas son una concesión dirigida a la progresía cosmopolita?

Que nos perdone el autor de  "Retórica y Locura"   -cuya presencia fundante (empleando un vocablo que le es caro) en la creación de "Carta Abierta" no podemos menos que encomiar- pero muchas veces leyendo, es decir, descifrando sus escritos, uno piensa que ha logrado superar a su admirado Martínez Estrada. Éste era capaz, en un mismo libro, de expresar una idea y pocas líneas más adelante aseverar todo lo contrario. González suele encerrar esa duplicidad en una línea, a veces en una sola palabra. Es decir, si es que no lo entendimos mal.

 

Juan Carlos Jara

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¿ES MOURINHO, ES GUARDIOLA? ¡NO: SON LOS JUGADORES! http://temas_argentinos.lacoctelera.net/post/2010/11/30/es-mourinho-es-guardiola-no-son-jugadores 2010-11-30T19:59:48+00:00 Celebración del Barsa

 Desde hace muchos años, décadas diría, que no veíamos a un equipo de fútbol jugar con la categoría que lo hizo ayer por la tarde el Barcelona de Messi e Iniesta.

Habría que retroceder al Santos de Pelé o a la gloriosa Hungría de Puskas para encontrar un once tan sutil, preciso y efectivo como el que en el Camp Nou borró de la cancha al Real Madrid batiéndolo por 5 a 0 (que bien pudieron ser 6, 7, 8 o hasta 10 goles, de habérselo apenas propuesto el "dream team" catalán).

Aunque las actuales hinchadas argentinas puedan asombrarse -hinchadas conformadas en el esquema bilardiano de "ganar a cualquier precio"-, el estilo futbolístico enarbolado por el Barcelona fue el que se jugó -con mayor o menor esplendor- en las canchas de nuestro país hace más de medio siglo.

El Mundial de Suecia (1958) con aquel nefasto 1 a 6 frente a los checos produjo la debacle de la que ya jamás nos pudimos reponer.

Dirigentes como Alberto J. Armando en Boca y Antonio Liberti en Ríver, prolijos desconocedores del abc futbolístico pero expertos en materia de negocios (sobre todo los propios) dieron pie al entronizamiento en cada equipo de esos inefables personajes a los que muy pomposamente se llamó, y se sigue llamando, "directores técnicos".  Hombres como Renato Cesarini, Argentino Geronazzo, Osvaldo Zubeldía, Faldutti,  Ignomiriello y tantos, tantos otros (sólo citamos los que nos vienen ahora a la memoria) se fueron trocando poco a poco en las estrellas consulares de cada equipo. Para ello debieron convertir a los jugadores (no pocas veces con el beneplácito de éstos) en meros engranajes de una máquina que ellos dirigían con mano tan dura que hubieran provocado la envidia del mismísimo "ingeniero" Blumberg.

A partir de allí ya no importó el talento del jugador sino "el trabajo de la semana"; la espontaneidad de los "cracks" -cada vez más infrecuentes-, sino el trabajo de "pretemporada" o la salvadora "pelota parada".

Hasta se llegó al extremo de que en el país de Maradona y de Messi -los últimos pequeños gigantes aportados por nuestro pueblo al deporte más popular del país-, los periodistas "expertos" en fútbol reclamaran a gritos que se llamara a la selección a jugadores de elevada estatura, porque con los "bajitos" nos privábamos de ganar con algún cabezazo redentor que después nos permitiera abroquelarnos bajo nuestro propio arco hasta esperar con angustia el pitazo final del árbitro.   

Es así como hoy comprobamos que Racing no es el Racing de Yacob o Gío Moreno, sino el Racing de Russo, su técnico;  así como Independiente es el equipo de Mohammed, Boca el de Pompei y Tigre el de Caruso Lombardi, por no mencionar sino a unas pocas instituciones del fútbol argentino.

Del mismo modo, en cada transmisión televisiva es posible observar el espectáculo -por lo común más interesante que el que tiene lugar en el campo de juego- de ambos entrenadores desgañitándose a orillas de la línea de cal. Desde allí envían perentorias indicaciones a sus dirigidos, sin dejar de mirar con el rabillo del ojo si la cámara de Fútbol para Todos difunde hacia todo el país su desaforado estilo de conducción "técnica" por control remoto. Actuar "pour la gallerie", diríamos finamente; para "la gilada", con mayor nitidez.

El Barcelona de Iniesta y Messi -más que de Guardiola- nos ha vuelto a demostrar que al fútbol lo juegan los jugadores y que, si éstos son talentosos, el tan profesionalizado balompié se convierte en uno de los deportes más hermosos del mundo, un verdadero arte cuando lo practican hombres como los que ayer nos deslumbraron en el verde césped del Camp Nou.

 

Juan Carlos Jara

  

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INMIGRACION, TANGO, CONVENTILLO http://temas_argentinos.lacoctelera.net/post/2010/11/28/inmigracion-tango-conventillo 2010-11-28T19:01:31+00:00  

 (Extracto de la charla ofrecida en octubre de 2010 en el marco de las Cátedras Bolivarianas de la Univerdidad de las Madres de Plaza de Mayo, bajo la dirección del profesor Daniel Ezcurra)  

 

En un libro de 1963, "Tango, discusión y clave", Ernesto Sabato publica un breve ensayo sobre el tango que comienza con este párrafo:

 

Los millones de inmigrantes que se precipitaron sobre este país en menos de cien años, no sólo engendraron esos dos atributos del nuevo argentino que son: el resentimiento y la tristeza, sino que prepararon el advenimiento del fenómeno más original del Plata: el tango.

 

     Con lo que, en verdad, se hace muy poca justicia tanto al elemento nativo: negros y compadritos, quienes sí "prepararon el advenimiento del fenómeno más original del Plata"; como a los mismos inmigrantes, a los cuales se carga con la culpa de un pecado original por lo demás inexistente.

Ya en 1956, Sabato había publicado su libro "El otro rostro del peronismo", donde atemperando el gorilismo de algunos como el almirante Rojas, pretendía separar a Perón del peronismo. Las masas eran inocentes, crédulas, potencialmente revolucionarias (eso sí, resentidas y tristes) y habían sido engañadas por un caudillo demagógico como "el tirano depuesto"... Habría que decir que otro escritor de la época, hoy revalorizado por algunos, Ezequiel Martínez Estrada, más en consonancia con  don Isaac Francisco y con el decreto 4161 decía cosas como éstas en su libro "Qué es esto" de 1956:

 

"Perón creó un cuerpo domiciliario de haraganes estafadores, no un pueblo emancipado..."

 

Y más adelante llamaba a los peronistas

 

"populacho de rateros y saboteadores que incurren en delito por el solo hecho de poner alguna esperanza en Perón".

 

Pero volviendo a lo nuestro, en "El otro rostro del peronismo" Sabato proclamaba que  

 

 Perón supo canalizar en su favor la más grande acumulación de resentimientos que registra la historia del país,

 

A lo que Arturo Jauretche replicó:

 

No, amigo Sábato. Lo que movilizó a las masas hacia Perón no fue el resentimiento, sino la esperanza...

 

Sobre este tema del resentimiento ligado al fenómeno peronista, muy meneado en aquellos años, ha escrito excelentes páginas, ¿saben quién?, Juan José Sebreli. Porque Sebreli tiene una primera época muy recomendable y sobre todo un libro sobre Martínez Estrada lleno de sensatas afirmaciones: "Martìnez Estrada una rebelión inútil" (1960). Allí afirma que

 

cualquier revolución se puede explicar fácilmente por el resentimiento de clase, porque todas tienen por causa a una clase oprimida en situación de inferioridad frente a una clase opresora.

 

Más en consonancia con la frese de Jauretche es lo de Evita, que en "La Razón de mi Vida" acepta ser una resentida pero aclarando que llegó al resentimiento por el camino del amor (a los demás) no del odio (Ver p. 213 de la primera edición).  

 

Pero Sabato habla del resentimiento y también de la tristeza, como herencia inmigratoria...

Ahora bien, si el inmigrante añora el paese lejano, la patria de ultramar, y en consecuencia, hipotéticamente, es quien tiñe de tristeza y de melancolía a la música criolla, ¿por qué negar al gaucho un parecido sentimiento de pesar y de nostalgia, en este caso por  la libertad perdida de antaño?

Motivos de querella no les faltaban, ciertamente, a uno ni a otro. Solo basta recorrer someramente el cancionero nativo anterior a la ola inmigratoria para comprobar que la añoranza y el dolor no fueron exclusivo patrimonio europeo.

Fíjense en esta copla anónima tucumana de mediados del siglo XIX:

 

¡Qué tiempos tan desgraciados!

¡Vida tan sin esperanza!

Con tanta revolución

Solo el que muere descansa.

 

Y más adelante esto que no me digan que no parece un antecedente de "Cambalache":

   

Causa una gran confusión

Ver la milicia del día,

No hay premio, no hay garantía,

Ya no se oye a la razón.

Ya no hay juez de apelación

Solo reina la venganza,

Arbitrariedá y mudanza,

Toda ley está perdida...

Ya no parece ser vida

¡Vida tan sin esperanza!

 

Evidentemente, hay en lo cultural (a la cultura popular me refiero) una línea de continuidad entre la Argentina anterior a la inmigración masiva y la que le siguió... Aunque para muchos historiadores la Argentina empieza en el 80. Alguna vez, por ejemplo, habría que estudiar con profundidad (creo que nadie lo ha hecho) el vínculo notorio entre la literatura gauchesca del siglo XIX y el cancionero popular del XX.

 

Ahora, Pedro de Paoli, acaso exagerando la nota, remonta el origen de la melancolía criolla a 1583, momento en que se produce un primer distanciamiento con respecto a los españoles a raíz de la lucha por la sucesión política de Juan de Garay. Derrotados los nacidos en estas tierras, dice de Paoli,

 

colocados en plano social inferior, se alejan hacia el campo; se internan en la Pampa y el criollismo al nacer, y desde entonces, toma una fisonomía propia; llena su mente de una reivindicación social; impregna su alma de melancolía por la injusticia de que es objeto, y sus manifestaciones exteriores: el traje, el canto, la música y el baile, toman carácter propio diferenciándose fundamentalmente de las expresiones españolas, más alegres y bulliciosas.

 

     Podrían dar razón a De Paoli estos conceptos del español Félix de Azara que en los tiempos coloniales, visitó la pampa bonaerense y se interesó por la música de los gauchos:

 

En cada pulpería hay una guitarra, y el que la toca bebe a costa ajena. Cantan "yaravís" o "tristes" que son cantares inventados en el Perú, los más monótonos y siempre tristes, tratando de ingratitudes de amor y de gentes que lloran desdichas por los desiertos. (En vez de desiertos pongamos boliches o bulines y pareciera estar hablando del tango).

 

En realidad, tanto el resentimiento como la tristeza tienen una base material, esa opresión de clase de la que hablaba Sebreli, y que tanto la sufrieron los inmigrantes como los criollos, a los que hacia el 900 vamos a encontrar reunidos e interactuando en el conventillo.

Pero volvamos un instante más a la inmigración.

La ola inmigratoria llegada de Europa a partir de las últimas décadas del siglo XIX (sobre todo a partir de la ley Avellaneda de 1876) se detuvo y volvió a proliferar en distintas ocasiones.

Primera gran oleada: entre 1880 y 1910, más  o menos.

Después del '14 muchos regresaron a su país de origen para luchar en la guerra. A partir de la crisis de 1930 también se observa una ostensible declinación y una última época de oro (o de bronce, digamos) va a ser la de parte de los ‘40 y ‘50...

De esta última época es el tango "Una carta para Italia" de Reynaldo Yiso y Santos Lípesker -no un dechado de poesía pero claramente testimonial:

Dice

 

Dos días hace, mama, que estoy en la Argentina

no me parece cierto sentirme tan feliz

si vieras Buenos Aires, que linda y que distinta

a nuestra pobre Italia, cansada de sufrir

Quisiera en esta carta, decirte muchas cosas:

que en este suelo amigo, dan ganas de vivir,

que acá soy otro hombre, que sueño a toda hora

con el día que pueda sentirte junto a mi.

 

Decile a la Rossina que siempre pienso en ella,

que yo acá en la Argentina trabajo por los dos

que cuando estemos juntos aquí nos casaremos

y juntos le daremos las gracias al Señor

 

No importa el sacrificio que has hecho por tu hijo

para que en esta tierra se forme un porvenir

besando tu retrato, yo siempre te lo digo

tendrás tu recompensa, acá serás feliz.

Aquí donde los campos conversan con el cielo

levantaré algún día el nido de mi afán,

aquí donde encontramos un bendecido suelo

que nos dará de sobra felicidad y paz

 

Y pienso en nuestro pueblo que se quedó deshecho

por culpa de la guerra, y tengo que llorar

por ti por la Rossina y por el hombre bueno

a quien nunca pudimos decir "¡Adiós, papá!."

 

El tango "Una carta para Italia" describe entonces esa última etapa de inmigración ultramarina y nos habla de una modalidad, muy común en todas las épocas de la inmigración: la llegada inicial de un solo integrante de la familia, el hombre, a veces llamado por otro pariente emigrado con anterioridad.

Ese inmigrante va a tratar de ganar dinero para después traer a su familia: su esposa, si es casado, sus hijos (la Rosina del tango), sus padres, sus paisanos.

 

En una línea similar a la del tango de Yiso vean lo que escribía un tal Girolamo Bonesso, desde Santa Fe en 1888:

 

 Aquí, del más rico al mas pobre, todos viven de carne, pan y minestra todos los días, y los días de fiesta todos beben alegremente y hasta el más pobre tiene cincuenta liras en el bolsillo. Nadie se descubre delante de los ricos y se puede hablar con cualquiera. Son muy afables y respetuosos, y tienen mejor corazón que ciertos canallas de Italia. A mi parecer, es bueno emigrar. (Por lo que se ve, no todos venían a "hacer la América" y luego emprender el regreso).

 

Pero si algunos pudieron echar buena y convertirse con el tiempo en empresarios o personajes importantes en los pueblos, la mayoría de los inmigrantes se quedaron para siempre en el conventillo o con mucho sacrificio hicieron su casita en algún barrio suburbano. Bastante parecido a los inmigrantes de países limítrofes que, mal que mal, siempre están mejor acá que en sus países de origen...

Hay un personaje, al que en España se le llamó el Indiano, que es el que luego de hacerse la América vuelve triunfador a su patria.

Por ejemplo hay un "Tango del Indiano", de la zarzuela "Los gavilanes", donde este personaje canta al volver:

 

El dinero que atesoro,

todo el oro,

nada vale para mí

comparado a este contento

que ahora siento

de verme otra vez aquí...

 

Como contracara está el otro inmigrante, el que fracasa en su aspiración primera de hacer fortuna y regresar a su patria. Lo refleja el tango "La violeta" (1930) de Cátulo Castillo y Nicolás Olivari.

 

Con el codo en la mesa mugrienta

y la vista clavada en un sueño,

piensa el tano Domingo Polenta

en el drama de su inmigración.

Y en la sucia cantina que canta

la nostalgia del viejo paese

desafina su ronca garganta

ya curtida de vino carlón.

 

E La Violeta la va, la va, la va;

la va sul campo che lei si sognaba

ch'era suo yinyín que guardándola estaba...

 

Él también busca su soñado bien

desde aquel día, tan lejano ya,

que con su carga de ilusión saliera

como La Violeta que la va, la va...

 

Canzoneta de pago lejano

que idealiza la sucia taberna

y que brilla en los ojos del tano

con la perla de algún lagrimón...

La aprendió cuando vino con otros

encerrado en la panza de un buque,

y es con ella, metiendo batuque,

que consuela su desilusión.

 

Apenas llegados al puerto, los que llegaban sin recursos, es decir la mayoría, se hospedaban en el Hotel de Inmigrantes, un oscuro edificio de la dársena norte, hasta que conseguían su primer trabajo. Y luego a buscar un techo y a recalar, casi siempre, en alguno de los hacinados conventillos que poblaban la ciudad.

Debemos aclarar de paso que el nombre de conventillo es minimizante, desdeñoso, ya que se trata del diminutivo de convento, y así se llamaba en español antiguo al prostíbulo.

Evidentemente el conventillo fue un lugar en el que campearon el hacinamiento, la promiscuidad, la miseria, en una palabra. Y donde se mezclaban todas las etnias, todos los idiomas, todas las nacionalidades. No diremos todas las clases sociales, porque las más altas obviamente ni pisaban por allí (aunque eran las propietarias de esos antros).

Los conventillos no estaban en el arrabal, estaban en el centro, como las villas o algunas villas miseria de hoy.

(Una digresión, sobre esto de villas y conventillos: hoy es muy común oír el despectivo término "villero". Desafortunadamente, quienes lo han incorporado a su vocabulario, suelen olvidar que son en su mayoría nietos o biznietos de aquellos sufridos inmigrantes maliciosamente bautizados con el mote de "conventilleros", vocablo con idénticos matices peyorativos que el que hoy lo reemplaza para hacer referencia a nuestros hermanos del interior -argentino y latinoamericano).

 

Decíamos que los conventillos estaban en el centro y no en las orillas; por eso Borges, que cuando no estaba influido por la madre o por Bioy Casares o por su odio irracional al peronismo, sabía decir cosas profundas, explica en uno de sus primeros libros que el arrabal, la orilla, más que un término topográfico fue, a principios de siglo, un vocablo de clara discriminación social. Este juicio nos llevaría directo al tema del tango en su etapa de música prohibida, pero lo vamos a dejar para otra ocasión...

 

Mejor veamos cómo era un conventillo, observado por un contemporáneo...

 En su novela de 1886 "Palomas y gavilanes", el escritor español Silverio Domínguez describe sin concesiones uno de aquellos siniestros recintos.

 

Húmedos los patios -dice -, por allí se desparramaba el sedimento de la población; estrechas las celdas, por sus puertas abiertas se ve el mugriento cuarto lleno de catres y baúles, sillas desvencijadas, mesas perniquebradas, con espejos enmohecidos, con sus cuadros almazarronados (oxidados), con sus periódicos de caricaturas pegados a la pared, y a ese peculiar desorden de la habitación donde duermen cuatro o seis, y en donde es preciso dar buena o mala colocación a todo lo que se tenga.

 

La nada amable descripción del conventillo se completa con un relevamiento no menos realista de sus habitantes. ¿Quiénes son ellos? :

 

Costureras de ropa gruesa, empleados de tramways y ferrocarriles, cesantes sin colocación, zapateros cargados de chiquillos, peones de registros y almacenes, carreros, artesanos y muchachas sueltas, que hacen la vida alegre...

 

Con ellos conviven

 

 changadores y familias de carreros, lavanderas y vendedores ambulantes, organistas napolitanos que reciben mil maldiciones en una hora el día de afinación, y pobre gente empleada.

 

 

Como vemos aquello era una mezcla de gente trabajadora, obreros, empleados, amas de casa, pequeños comerciantes. En ese mundo heterogéneo y babélico, Buenos Aires va a hacer la gran digestión de ese entremezclado racimo de nacionalidades.

El sainete es un espejo de la situación.

 

El patio del conventillo que se vio en el tablado -escribe Jauretche en "El Medio Pelo"...-, con sus tiestos florecidos, canciones, milongas, pitos de vigilantes, viejas celestinas, mozas deslumbradas por las luces del centro, trabajadores derrengados, guapos y flojos, era el escenario de esa digestión social.

 

Así, en el patio del conventillo se fueron integrando las diversas nacionalidades. Y como bien dice Jauretche el sainete -prototípicamente el de Vaccarezza- será testimonio riquísimo y ejemplar de esa integración. Es más, Vaccarezza tenía una fórmula para hacer sainetes que alguna vez expuso en esta décima:

 

Un patio de conventillo,

un italiano encargao,

un yoyega retobao,

una percanta, un vivillo,

dos malevos de cuchillo,

un chamuyo, una pasión,

choques, celos, discusión,

desafío, puñalada,

aspamento, disparada,

auxilio, cana..., telón.

 

Pero además del sainete, el otro testigo ineludible -"melancólico testigo", lo llama el propio Vaccarezza- es el tango, por cierto que íntimamente ligado por entonces al llamado género chico.

Así como en el conventillo del sainete siempre se canta o baila un tango, son innumerables los tangos de la década del 20 que desarrollan su acción, su argumento, como un sainete comprimido, en un patio de conventillo. Entre ellos uno grabado por Gardel en 1929, en el que con el telón de fondo del conventillo, el barrio en suma, durante una fiesta, cruzan el escenario pibes jugando a la rayuela, compadres, paicas taconeras, malevos compadrones y algún goruta (italiano) alcoholizado y desilusionado de la vida. Modelo notorio: "El casamiento", de Evaristo Carriego.

 

JIRON PORTEÑO, de Juan Raggi y Julio Navarrine.

 

El conventillo luce su traje de etiqueta;

las paicas van llegando, dispuestas a mostrar

que hay pilchas domingueras, que hay porte y hay silueta,

a los garabos reos deseosos de tanguear.

La orquesta mistonguera musita un tango fulo,

Los reos se desgranan buscando, entre el montón,

la princesita rosa de ensortijado rulo

que espera a su Romeo como una bendición.

 

El dueño de la casa

atiende a las visitas

los pibes del convento

gritan en derredor

jugando a la rayuela,

al salto, a las bolitas,

mientras un gringo curda

maldice al Redentor.

 

El fuelle melodioso termina un tango papa.

Una pebeta hermosa saca del corazón

un ramo de violetas, que pone en la solapa

del garabito guapo, dueño de su ilusión.

Termina la milonga. Las minas retrecheras

salen con sus bacanes, henchidas de emoción,

llevando de esperanzas un cielo en sus ojeras

y un mundo de cariño dentro del corazón.

 

Otra festividad que, como las de fin de año (ver "Un año más", de Casciani y Barreiro), congregaba a la gente en el patio del conventillo y en la cuadra del barrio era el carnaval. Una lograda pintura de un carnaval suburbano en los años 30 es "Carnaval de mi barrio", de Luis Rubinstein. También por aquí van a desfilar los habitantes del conventillo y sobre el final del tango surgirá el inmigrante, un tano verdulero, de sonrisa amarga que sentado en la vereda, mastica su cachimbo (pipa) mientras evoca con nostalgia su lejano paese.

Si nos pusiéramos a enumerar tangos relacionados con esta temática tendríamos para varias horas: "Giuseppe el zapatero", "Dejá el conventillo", "Galleguita", "Acuarelita de arrabal"... El repertorio de Gardel está colmado de estos tangos...

 

Pero más allá de todo, lo que se observa en ellos es la integración, la asimilación del inmigrante al mundo del conventillo en el que interactúa con personajes de todas las nacionalidades. En el sainete "Mustafá" lo dice muy bien Armando Discépolo:

 

...nel conventillo todo ese armonía, todo se entiéndono: ruso co japoneses; franchese co tedesco; italiano co africano: gallego co marrueco. ¿A qué parte del mondo se entiéndono como acá: catalane co españole, andaluce co madrileño, napoletano co genovese, romañolo co calabrese? A nenguna parte. Este é no paraíso. Ese na jauja. ¡Ne queremo todo!      

 

 

Esa fácil asimilación se logra por varias causas. Según Hugo Ratier  porque "el bajo nivel de instrucción del inmigrante" la favorece. Pero lo más importante está en la idea de Homero Manzi que decía que el inmigrante, sobre todo el italiano, mayoritario, se asimiló porque se impuso como arquetipo propio al hijo del país, al gaucho y no a algún personaje de su patria, como Garibaldi, por ejemplo. Pese a los temores de Ricardo Rojas, el mejor, el de "La restauración nacionalista", el peligro de que se conformara entre nosotros una Italia de ultramar (aspiración de algunos políticos romanos) nunca se llegó a concretar.  Uno de los mejores ejemplos de la asimilación de que hablábamos es el personaje de  Cocoliche, que hace reír por la media lengua graciosa, pero en el fondo es un homenaje del italiano bozal que trata de hablar en criollo o en porteño.

 

En definitiva, aunque nos quedan infinidad de cosas en el tintero, creo que la mejor síntesis de la cuestión está en esta parodia de Guido Spano escrita por el ucraniano César Tiempo (Israel Zeitlin):

 

 "¡Yo nací en Dniepropetrovsk!

No me importan los desaires

con que me trata la suerte.

¡Argentino hasta la muerte,

yo nací en Dniepropetrovsk!"

 

Gracias.

 Juan Carlos Jara

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¡ES EL PUEBLO, ESTUPIDOS! http://temas_argentinos.lacoctelera.net/post/2010/11/02/es-pueblo-estupidos 2010-11-02T14:05:05+00:00 "Fue un diálogo excluyente entre la Presidenta y la muchedumbre que ingresaba al salón y entregaba lágrimas, rosarios, cartas, camisetas, gritos, imprecaciones y consignas que chocaban contra todo protocolo funerario".

Susana Viau, Clarín, 31.10.2010.

No es necesario ser semiólogo o experto en estrategias de discurso para percibir el escozor que la presencia popular en el sepelio de Néstor Kirchner produjo en la columnista de Clarín, otrora ¡ay! convencida seguidora de las banderas del Che. ¡Una (ex) guevarista preocupada por el protocolo funerario! ¡Una (ex) guevarista que donde hay pueblo sólo ve"muchedumbre", donde hay dolor y rebeldìa ve "imprecaciones"! Una (ex) guevarista guiñando cómplice a su clientela de la progresía, cada vez más escuálida, en el doble sentido del término.  El mito cortazariano de la "casa tomada" (por el pueblo peronista) sigue haciendo temblar a estas dulces almas de la clase media (seudo) intelectual argentina. 

 

 

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EL PENSAMIENTO DE SCIOLI SOBRE LA PATRIA GRANDE http://temas_argentinos.lacoctelera.net/post/2010/10/23/el-pensamiento-scioli-sobre-patria-grande 2010-10-23T13:32:54+00:00   

Muchos han sido  en los últimos tiempos -y contradictorios, y casi nunca desinteresados - los vaticinios acerca de los pasos futuros del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli.

Se han puesto plazos a su lealtad kirchnerista, intentándolo empujar al terreno del cobismo explícito, al tiempo que con el mismo objetivo se lo "torea" enrostrándole una supuesta falta de carácter -"trapo de piso de Kirchner", en el lenguaje crispado de Mariano Grondona.

Tales incitaciones, cada día más exasperadas, de parte de una oposición a la que aterran los guarismos de los encuestadores para las presidenciales del 2011, han sido respondidas por el gobernador con su habitual parquedad   y  ambigüedad ideológica.

No pretendemos dilucidar aquí el enigma Scioli, ni mucho menos adelantar algún pronóstico acerca del devenir de la política argentina de mañana nomás: la bola de cristal de López Rega -heredada por Lilita Carrió - sigue sin ofrecer demasiadas garantías de credibilidad.  

Simplemente queremos compartir este prólogo de Scioli a la "Historia de la Nación Latinoamericana" de Jorge Abelardo Ramos, edición de 2006, donde el entonces vicepresidente de la Nación desliza algunas opiniones sobre la Patria Grande.

Aquí está:

 

"PROLOGO

 

"Historia de la Nación Latinoamericana es la gran aventura intelectual que Jorge Abelardo Ramos ha transitado magistralmente. Se trata de la primera visión integral de nuestro pasado. Desde el Río Bravo en México, hasta el Cabo de Hornos, el autor hilvana minuciosamente los retazos de un pasado fragmentado. Solo estudiando la historia social de nuestros pueblos podremos comprender el presente y vislumbrar con esperanzas, el futuro.

No conocí personalmente a Jorge Abelardo Ramos, pero sí a su hijo Víctor, a quien conozco desde hace muchos años. Él ha sabido transmitir la pasión de su padre por las ideas continentales, militando activamente por ellas desde el campo de la política y la cultura.

La propuesta de Abelardo contenida en esta obra, que hoy felizmente se reedita, es el primer punto de la agenda de los estadistas del nuevo siglo: la integración regional. Juan Domingo Perón señalaba en modo de consigna y síntesis ‘Latinoamérica: ahora o nunca' e impulsaba, consecuentemente la integración del ABC, por Argentina, Brasil y Chile como paso previo a la unidad del conjunto de países hermanos.

Hoy a ese camino emancipador lo llamamos Mercosur. Las líneas trazadas por los grandes Libertadores, que yo llamaría también, unificadores, están marcadas.

Solo nos queda accionar las políticas concretas, para que un día no muy lejano, se pueda conformar de toda América Latina una única y gran Patria común.  

 

Daniel Osvaldo Scioli

Presidente del Honorable Senado de la Nación".

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ADIOS A PANCHO VARALLO http://temas_argentinos.lacoctelera.net/post/2010/08/31/adios-pancho-varallo 2010-08-31T04:49:48+00:00  

Lo conocimos hace cerca de 20 años en las inmediaciones de Plaza Brandsen. Allí tenía su casa y la "agencia de quiniela y prode", que atendía personalmente (junto a Cota, su esposa) con la cordialidad y simpatía que le eran connaturales.

Pronto nos hicimos sus clientes, no tanto porque creyéramos que la Diosa Fortuna fuese a acordarse alguna vez de nosotros -nunca fuimos tan ingenuos- sino porque buscábamos despertar en él esas imágenes reminiscentes de un mundo popular, potente y desaparecido, que sin embargo en su charla, simple pero llena de calidez, parecía volver a la vida con fuerza inusitada. Imágenes de su juventud, de sus glorias deportivas, de su amor compartido desde muchacho por las enseñas tripera y xeneise. Anécdotas pintorescas o emotivas de las que siempre emergía la figura de Roberto Cherro, su amigo fraternal al que tanto quiso y respetó toda la vida.

Nosotros le preguntábamos por sus goles y él los contaba poniendo en su relato la misma pasión con que los había concretado hace tantos años. Cada uno de esos goles, sólo retenidos en su memoria prodigiosa y en alguna amarillenta instantánea del Gráfico, lo devolvían a aquella época dorada de los 20: con Carlitos Gardel, su gacho gris y su sonrisa flotando por la Corrientes angosta, o cantando para ellos (los muchachos de la selección) horas antes de aquella final en Montevideo, donde muchos fueron a menos por miedo o por prudencia, pátinas que jamás mancharon sus pergaminos de deportista cabal, de futbolista al que la palabra gallardía nunca le quedó grande.

A esas alturas, tal vez, sus evocaciones eran -como diría el poeta Barbieri- solo "recuerdos de recuerdos", pero los contaba con la misma pasión y el mismo júbilo que habia puesto al jugar.

Era el último representante de una época del fútbol argentino -y mundial- malversado después por los técnicos mentirosos, el periodismo complaciente, la dirigencia venal.

Lo llamaban "cañoncito", por la potencia y dirección de su "shot". Fue uno de los más grandes goleadores de Boca , Gimnasia y la selección. Acabo de escuchar que ha muerto, a los cien años, en su casa de La Plata, seguramente aquella de Plaza Brandsen, con agencia de quiniela al frente, donde lo conocí.

Ahora los ángeles y los gorriones lo tendrán en su equipo, gritarán sus goles, disfrutarán, desde una eterna tribuna celestial, de su guapeza en el área, de su electrizante dribling corto y su mortífero remate.

 

juan carlos jara

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DE GANADOS, MIESES Y OTRAS YERBAS http://temas_argentinos.lacoctelera.net/post/2010/07/10/de-ganados-mieses-y-otras-yerbas 2010-07-10T13:43:56+00:00  

Por Juan Carlos Jara

  

1910. La región pampeana, esa "estepa sin nieve", como la llamó Rubén Darío, vertía sin cesar hacia Europa su notable riqueza agropecuaria, mientras recibía de todas las latitudes inmensos contingentes humanos lanzados a la conquista de "l' America".

Entre suntuosas veladas en el Colón, discursos grandilocuentes, pompa, boato y bombas anarquistas que no lograron romper el tono de los festejos, se celebraba el primer centenario de la revolución de mayo. 

Lugones le cantaba con unción a las praderas cubiertas de ganados y de mieses y Rubén  elevaba su acento profético para exaltar el esplendoroso porvenir de estos parajes:

 

He aquí la región del Dorado,

he aquí el paraíso terrestre,

he aquí la ventura esperada,

he aquí el Vellocino de Oro,

he aquí Canaán la preñada,

la Atlántida resucitada...

 

Hasta pocas décadas atrás, sin embargo, esos fértiles campos de la pampa húmeda -motor de la expansión argentina- formaban parte del "desierto", tierra de nadie y  de todos ocupada por indios pampas y gauchos matreros, boleadores de ñandúes y carneadores del ganado más  o menos cimarrón que se reproducía incesantemente desde los tiempos de la colonia.

En pocas décadas, de ser un país secundario, "subdesarrollado", la Argentina se había convertido en la tierra de promisión que daba su bienvenida a todos los hombres del mundo que quisieran habitarla. El sueño de Alberdi y de Sarmiento se había cristalizado. Era el triunfo final del progreso sobre el atraso, de la civilización sobre la barbarie, de Juan Sin Ropa sobre Santos Vega.

Para reforzarnos en esa convicción, el economista británico Angus Maddison ("La economía mundial, 1820-1992. Análisis y estadísticas", Madrid, 1997), nos dice que nuestro país se hallaba entonces entre los diez u once con más alta renta per cápita del planeta.

La fórmula para alcanzar indicadores tan halagüeños fue sintetizada de este modo por la oligarquía terrateniente, principal beneficiaria de ese crecimiento: la Argentina era fruto del oro inglés, el brazo italiano y el libro francés.

Mientras tanto, la población nativa, cuya sangre sólo había servido en el pasado para abonar la tierra -según la conocida aserción del Padre del Aula-  era hipócritamente sacralizada en la mitologización del gaucho como deidad máxima de una Argentina bárbara y romántica que - gracias a Dios- había dejado de existir. 

Ahora bien, si como apunta con acierto Mario Rapoport, las citadas cifras de Maddison ubican en 1950 a Quatar, pequeño país petrolero dominado y usufructuado por unas pocas familias, en el primer lugar del mundo por el nivel de su PBI, cabe preguntarse si la fiabilidad de su procedimiento explicativo no debe ser tomada con alguna reserva.

En efecto, por esa leve grieta metodológica se nos cuela una duda capaz de llevarnos a conclusiones mucho más interesantes y acertadas.

Admitiendo que la integración de las pampas en el mercado internacional haya puesto a nuestro país en el nivel de una "potencia emergente" -dicho en lenguaje del presente-, otros indicios (como aquellas bombas anarquistas que mencionábamos al comienzo) nos permiten sospechar que la riqueza no se derramó del mismo modo por todos los intersticios de la estructura social. 

En otras palabras, que derroche oligárquico y penuria popular fueron los dos términos de una misma ecuación, basada en la desigualdad y la más cruda discriminación de las clases "de pata al suelo".

Si no nos basta con el trabajo clásico de Juan Bialet Massé, "El estado de las clases obreras  argentinas a comienzos de siglo", recurramos a los boletines del Departamento Nacional del Trabajo o a la literatura testimonial de la época, y podremos comprobar que la Argentina de aquellos años nos enfrenta con una de las economías  más regresivas del mundo en materia de legislación social y distribución del ingreso.

Pero además de injusto y poco inclusivo, el modelo agroexportador del Centenario era un proyecto sin destino.

Cuenta Arturo Jauretche ("El medio pelo en la sociedad argentina", Peña Lillo, 1966) que la economía  norteamericana también se incorporó al mercado mundial con sus carnes y cereales en la misma época que la Argentina. Pero con una diferencia cardinal: la burguesía  yanqui supo capitalizar la riqueza que generaban sus exportaciones sin perder la conducción de otros factores como los de comercialización, transporte y crédito. "No se limitó a producir y vender sobre el lugar de producción entregando la parte del león a los exportadores. La hizo suya, la reinvirtió y proyectó los recursos logrados sobre el desarrollo interno, acompañando la marcha hacia el oeste". 

Nada de eso se dio entre nosotros, donde la sutil inteligencia británica (el "oro inglés" de la fórmula oligárquica) fue la que dominó el proceso desde el principio hasta el final.

Transcurrido un largo siglo desde aquella época, no es tiempo de fustigar a las generaciones del pasado por su falta de visión y su enfeudamiento a una división internacional del trabajo que manejaban poderes extranjeros.

El intercambio de materias primas por   manufacturas y bienes de capital, a costa de un endeudamiento exterior creciente - producto del deterioro en los términos del intercambio- sólo podía sostenerse durante un cierto período pero creando las condiciones para el estallido final que se dio a la postre con la crisis de 1930.

Lo que en cambio no resulta justificable es pretender aun hoy que ése -y no el inclusivo e industrialista del ‘45- sea el modelo al que debe regresar nuestro país para retomar un destino de grandeza que determinados sectores argentinos siguen  ubicando en los años del Centenario.

Nos estamos refiriendo a los hombres y mujeres de la actual oposición, nostálgicos de esa Argentina monoproductora y desigual que pretendió resurgir con parecidos parámetros a los de 1910 en los desdichados años menemistas y en los días no menos aciagos que precedieron al voto no positivo del incalificable Julio Cobos.

Su obstrucción, directa o sesgada, a medidas como la nacionalización de Aerolíneas y Correo Argentino, recuperación de los fondos de pensión, desendeudamiento externo, desvinculación de las políticas de ajuste del FMI, asignación universal por hijo, incrementos jubilatorios, etc., los convierte en herederos directos (el caso de Federico Pinedo es la muestra más acabada) de aquellos "probos repúblicos" que, luego de vivir tirando manteca al techo en los cabarets parisinos, terminaron de hinojos ante su Graciosa Majestad, ofrendándole la Argentina como la joya más preciada de su corona.

 

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PREGUNTAS A CECILIA http://temas_argentinos.lacoctelera.net/post/2010/05/27/preguntas-cecilia 2010-05-27T14:37:02+00:00  

  

Diputada Cecilia Merchán

  

Bajo el título "Las voces de la oposición", el matutino Página 12 (http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/146417-47044-2010-05-27.html) transcribe hoy opiniones de distintos dirigentes de ese sector con respecto a los recientes festejos con motivo del Bicentenario.

Entre otros dicen lo suyo -que es lo de siempre, la pura banalidad y vacuidad política-, los máximos capitostes del centenario y apolillado partido Radical, Ernesto Sanz y Gerardo Morales; la omnipartidaria Patricia Bullrich; el millonario colombiano Francisco de Narváez y la progresista "libre del sur" Cecilia Merchán.

En un discurso mutuamente calcado, todos destacan "el mensaje de unidad política"  brindado por el pueblo y como contrapartida critican "el microclima político"  provocado por el intercambio epistolar nada romántico entre la Presidenta de la Nación y el jefe de gobierno porteño Mauricio Macri.

Sin embargo, la apreciación de Merchán tiene una particularidad: luego de recalcar con frase juvenil que "el festejo fue alucinante" afirma acertadamente que "la gente en la calle demostró las ganas de recuperar la historia desde otro lugar, recuperando banderas que no se levantaban tan fácilmente, como las relacionadas con los pueblos originarios, los negros y los patriotas desde otro punto de vista". Luego, ¡ay!, recae en el horror al conflicto que muestran sus colegas de "derecha": "La pelea entre Macri y Cristina pasó a un total segundo plano. El festejo en la calle fue tan grande, tan masivo, que esa discusión del microclima político quedó como un novelón, como una paparruchada. Ya fue."

Las preguntas que surgen son, entre otras, éstas: ¿cree por ventura la legisladora Merchán que la recuperación de esas banderas históricas se ha producido por generación espontánea? ¿No advierte acaso en el resurgir de ese "otro punto de vista", que es el punto de vista del revisionismo histórico, ningún mérito atribuible al gobierno? ¿Jamás escuchó a la Presidenta referirse en términos encomiásticos a Francisco Solano López, al Moreno estatista del Plan de Operaciones, a Castelli, Juana Azurduy, Scalabrini Ortiz, Jauretche y tantas y tantas figuras ninguneadas secular y minuciosamente por los escribas a sueldo de la historia oficial? ¿Es sólo un novelón, una paparruchada el enfrentamiento de Cristina con uno de los máximos representantes de la Argentina de la exclusión y el envilecimiento? ¿Su ceguera de microclima partidista no le permite reconocer que, todo lo degradada que se quiera, la figura de Macri representa la continuidad de la política material y simbólica con que Bartolomé Mitre ocultó bajo siete llaves esas "banderas que no se levantaban tan fácilmente" hasta poco tiempo atrás? ¿No vio al Dr. De la Rúa, feliz y distendido, asistir con su señora esposa al exclusivo acto de reinauguración de nuestro primer coliseo? Y una última pregunta: ¿de qué lado estuvo usted, señora Merchán, cuando se discutió la resolución 125? La respuesta a esta requisitoria final sería muy aleccionadora y obviaría la necesidad de cualquier otra contestación.   

      

Juan Carlos Jara

       

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NOS MATARON TANTAS VECES http://temas_argentinos.lacoctelera.net/post/2010/05/24/nos-mataron-tantas-veces 2010-05-24T01:39:47+00:00  

 

Tantas veces me mataron,

tantas desaparecí...

M. E. Walsh

 

Nos mataron con Moreno en alta mar

Nos mataron con el interminable y tramposo empréstito de Baring Brothers

Nos mataron con Monteagudo en Lima, con Dorrego en Navarro, con Facundo en Barranca Yaco

Nos mataron cuando San Martín y Artigas debieron emigrar al exilio, cuando Rivadavia boicoteó el Congreso de Panamá, cuando Mitre impuso su paz a palos en el Interior

Nos mataron con el Chacho en Olta

Nos mataron en Villamayor y en Margarita Belén, en Napalpí y en Plaza Lorea

Nos mataron con los paraguayos en la guerra de la triple infamia (como la llamó Alberdi)

Nos mataron desalojándonos del "Desierto" (que habitábamos)

Nos mataron en la Semana Trágica

Nos mataron  cuando un vicepresidente dijo que éramos la joya más preciada del Imperio Británico y otro conspiró con un voto "no positivo"

Nos mataron en las noches tristes

de las corbatas

de los lápices

del fatídico apagón en Ledesma   

Nos mataron en el bombardeo a Plaza de Mayo y en las "inolvidables lluvias de septiembre" que exaltara Borges 

Nos mataron en José León Suarez y en Campo de Mayo

Nos mataron con las monjas francesas

Con los palotinos

Con Angelelli y con Mujica

Nos mataron en la encerrona de Trelew 

Nos mataron con los planes económicos (antítesis del Plan de Operaciones)

el Prebisch

el Austral

el Primavera

el Plan de Convertibilidad

Nos mataron (silenciosamente) entre los guiños de Alsogaray

y las lágrimas hipócritas de Domingo Felipe

Nos mataron  setenta veces 30 mil

En la Esma y en las fábricas

En Paysandú y en la Vuelta de Obligado

El 2 de abril de Martínez de Hoz

y el 19 y 20 de diciembre del señor de la Rúa

Nos mataron con saña y con cálculo

con revanchismo

con toneladas de odio

racial

de clase

oligárquico

imperialista

Tantas veces nos mataron ...

sin embargo

seguimos

aquí,

resucitando  ...

 

Juan Carlos Jara (sobre una idea de Mónica Gianolli)

 

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